martes, octubre 10, 2006

Junto al río

Lamentablemente se hizo tarde y mientras llovía, vio su cara reflejada en el río. El agua pudo entender su sensación. Fría, oscura y tímida.
La luna, como única testigo, en el inmenso universo de dudas, acogía en sus brazos la ilusión amiga de sus sueños. Podía abrazarla y protegerla de las pequeñas gotas, que como moscas invadían en nube aquel lugar.
El viento arrancó una que otra tristeza de su alma y entonces pudo contemplar su sonrisa en el agua, que poco a poco se hacía menos perceptible pero más sincera.
La soledad se mezclaba entre el sonido de los grillos y el susurro, cómplice, del pequeño caudal.
La fascinación y la plenitud, invadieron aquel momento sombrío y presente, y antes de darse cuenta, un aroma de olvido disfrazaba las sombras y animaba a las pequeñas luciérnagas para despertar todo su brillo y saturar en un instante fugaz, todo el lugar de candor.
El viento jugueteaba hábilmente con su mirada y su pelo se enredaba en la esperanza certera que su corazón albergaba. Sabía que de esperar y esperar nunca alcanzaría lo que con tanto fervor deseaba y que después de conocer la mañana, todo estaría de nuevo a su lado para apostarle al encuentro. Así que entendió que su esfuerzo no había sido en vano y que su alma encontraba una sutil fascinación en la oscuridad de la noche, logrando reflejar sus anhelos en claras y volátiles palabras.
La noche, así, sería su aliada entre los ruidos del insomnio y la desesperación. Y aún más, cuando conciente, encontrara en sus fantásticos sueños, una razón para arriesgar su nuevo sentir y con él, desbordar lágrimas de alegría que bañaran su calma y aliviaran su pensar.

1 comentario:

jaime almeyda dijo...

" Entre tantos estertores finales, dedico significantes momentos de gloria, encuentros inborrables, sensaciones desprendidas tras la lucidez de tu sonrisa y un manjar de recuerdos acordonados con aquella laja que me permite traerte de vuelta y asi acortar la distancia "