lunes, septiembre 25, 2006
Luces en la noche
Mis ojos llenos de luces mientras en mi mente huye un pensamiento bandido, saturado de verdad. Ya es oscuro en el cielo y la inmensa luna me recuerda tu alma color perla. Algunas nubes, casi imperceptibles inundan la mirada sincera del lugar. Luces violetas ahora, en la infinidad color cemento y la rigidez del asfalto, destellan en un soplo el reflejo inocente de mis lágrimas. Diamantes líquidos que poco a poco bajan por mi cara y dan un inesperado salto a la realidad al estrellarse contra mi alma, que no es color perla sino plateada. Ahora hay humo de melancolía y las ideas persisten ante el ataque insensato de la soledad, como si fueran tan fuertes como la realidad, tan violentas. Desesperada por la necesidad, atada a los prejuicios, salgo a dar un paseo por el alba ahora que amanece y se hace el vacío más fuerte.
jueves, septiembre 21, 2006
Melancolía disfrazada de mirada, asoma su rostro tras la noche matinal.
Surrealismo inspirado en las nubes y el tiempo infinito del alma.
Recuerdos ajenos reclamando a su amo, cobarde ironía de dos.
Renace la esperanza mientras muere la posibilidad, la distancia y tu miedo. Somos otros.
Finamente el cielo derrama, sobre la luna, una sonrisa precisa y sincera, señalando el universo y su intención. Aunque veo bruma espesa, mis ojos distinguen la claridad soleada del misterio.
A veces tan helado como el odio o el olvido. Te abrazo ya. Desafiando la distancia, la lejanía, la espera.
...ahora...
Ahora te abrazo y te veo. Mis manos estan frías como acostumbro y tu piel calienta mi aliento. tus labios, congelados en el tiempo o en el temor, me explican lo que ahora entiendo.
No hay palabras como solía ser. Todo en silencio. Mudos aromas de alegría y tristeza mientras el tiempo pasa sin saberlo. Ahora nos abrazamos y nos vemos. No hay temores ni prejuicios. Un mundo paralelo nos acoge y nos alienta con al calor del cielo. La noche posa su mano sobre nosotros y somos uno en la niebla, somos uno sin tenernos.
No hay palabras como solía ser. Todo en silencio. Mudos aromas de alegría y tristeza mientras el tiempo pasa sin saberlo. Ahora nos abrazamos y nos vemos. No hay temores ni prejuicios. Un mundo paralelo nos acoge y nos alienta con al calor del cielo. La noche posa su mano sobre nosotros y somos uno en la niebla, somos uno sin tenernos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)